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Review: Damn You, Autocorrect!: Awesomely Embarrassing Text Messages You Didn’t Mean to Send

Escrito por el 6 Dic, 2011 en Opinión

Damn You, Autocorrect!: Awesomely Embarrassing Text Messages You Didn't Mean to Send
Damn You, Autocorrect!: Awesomely Embarrassing Text Messages You Didn’t Mean to Send by Jillian Madison

My rating: 3 of 5 stars

Really funny, made me laugh my ass off.



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Review: La vida privada de los árboles

Escrito por el 23 Nov, 2011 en Opinión

La vida privada de los árboles
La vida privada de los árboles by Alejandro Zambra

My rating: 4 of 5 stars

Excelente obra, mucho más madura que Bonsái, llena de pasajes memorables. Si no fuera por un paralelismo forzado que busca darle Zambra con su opus primum, le hubiera dado cinco estrellas. Se percibe la influencia de Borges en querer repetir temáticas y elementos, pero siento que lo lleva muy lejos. Aún así, es una novela sólida, que melancólicamente retrata la desesperante espera de Julián, un marido que se siente intruso hasta en su propia vida, y espera interminablemente la llegada de su esposa. Hay una mirada medio onírica a ratos, que es bien desarrollada y le otorga un estilo bien particular. Usa pocos personajes, una premisa simple, y una prosa poética, suave, lenta. A pesar de lo breve, es un relato con cuerpo. Zambra se me hace como el Kawabata chileno, sin miedo a exagerar.

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Review: Bonsái

Escrito por el 22 Nov, 2011 en Opinión

Bonsái
Bonsái by Alejandro Zambra

My rating: 4 of 5 stars

Me gustó mucho el estilo pausado de Zambra, y el concepto de una novela “bonsai”. Entrañable, intenso; una “novella” redonda y con imágenes bien usadas. Se percibe un aire a Kawabata (apropiadamente epigrafiado), y a Carver, y es, en general, una novela muy asíática. La prosa es de redacción caprichosa a veces, pero quizás es parte de su estilo y todavía no lo capto bien. Dentro de todo, es lo mejor que he leído en el último tiempo proveniendo de un chileno. Quedé con ganas de leer más de este señor.

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Review: Bossypants

Escrito por el 21 Nov, 2011 en Opinión

Bossypants
Bossypants by Tina Fey

My rating: 2 of 5 stars

Very funny, but couldn’t really see the point of the book, besides rambling and rambling. It was OK.



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Review: Fight Club

Escrito por el 16 Nov, 2011 en Opinión

Fight Club
Fight Club by Chuck Palahniuk

My rating: 4 of 5 stars

Wow, now this was an exceptionally good book. Especially at the end. I had already watched the movie long ago, so obviously I knew the twist was going to happen. But still, I thoroughly enjoyed it. I felt the pace of the plot was very cinematographic (maybe because it constantly reminded me of the film adaptation), very addictive, compelling, and fascinating. A short but intense read.

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Review: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

Escrito por el 6 Nov, 2011 en Opinión

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas by Haruki Murakami

My rating: 4 of 5 stars

Complejo, interesante, con temáticas relativas a la mente bastante “thought-provoking”. Muchas referencias a buena música y literatura. La trama parte bien, aunque a lo largo de su desarrollo, a ratos se vuelve lenta y predecible, pero al final repunta muy bien, y saca lo mejor de Murakami, con esas frases e imágenes tan evocadoras que lo caracterizan. No es su mejor obra (aunque un traductor estadounidense opina precisamente lo contrario), pero es más profunda de lo que parece a primera vista. Espero poder leerlo en un futuro próximo para poder tener una opinión más madura y reposada.

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Review: Sputnik Sweetheart

Escrito por el 19 Sep, 2011 en Opinión

Sputnik Sweetheart
Sputnik Sweetheart by Haruki Murakami

My rating: 4 of 5 stars

Intenso, lleno de esa prosa desbordante de exquisitos detalles, y esos toques mágicos y bizarros que hacen a Haruki Murakami uno de mis autores favoritos. Junto a “Al sur de la frontera, al oeste del sol”, se destaca por ser conciso en su maestría narrativa. A ratos un poco redundante, sobre todo a medida que se acerca el final, pero en general una gran lectura, que nos muestra el Murakami más maduro que se ha presentado en los últimos años.

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Acerca de dios, Stephen Hawking y la creación

Escrito por el 6 Dic, 2010 en Actualidad, Opinión
Este artículo es una respuesta a lo planteado por William Carroll en éste artículo de VivaChile.org.

En primer lugar, me gustaría reconocer que este artículo es muy interesante y digno de lectura por cualquiera interesado en el tema de la cosmología. El autor trata bien los asuntos conflictivos y habla con merecida autoridad. Sin embargo, tengo varios reparos respecto a lo que dice.
Lo primero que me llamó la atención fue su rechazo al papel de las ciencias naturales en la cosmología. Difiero con su afirmación de que tienen poco o nada que decir respecto al tema. Al contrario, opino que una cosmología meramente filosófica es bastante pobre, y no hay nada más iluminador para una discusión seria y completa que la inclusión de perspectivas basadas en la evidencia, en hechos verificables, como es la ciencia. Creo que el autor parte de la base de que no tiene nada que ver con el tema, y que por ende, es necesario refutar cualquier intrusión de un científico en la discusión acerca del origen del universo. Eso me parece bastante alarmante, por decir lo menos pues si bien la filosofía es digna de respeto, debemos aceptar que mucho de ella se basa en la especulación sin evidencia, lo que no dice nada acerca de su valor de verdad. Podemos filosofar todo el día en un sillón acerca de la compatibilidad o no del libre albedrío con el determinismo, pero no llegaremos a ninguna conclusión concreta si no comprobamos lo que creemos con experimentos. En ese sentido, creo que la ciencia juega un papel muy importante de apoyo a la filosofía en cuanto puede servir para descartar o confirmar hipótesis. Ese rol no es menor y no debe ser menospreciado.
Dejando eso de lado, paso al argumento principal del autor. Afirma, y con razón, que la causalidad no está relacionada con la temporalidad: algo no tiene porque ser creado en un contexto donde haya tiempo para tener una causa. En ese sentido, creo que acierta con su análisis de que están errados quienes pretenden negar el papel de una divinidad basados en que, según las teorías actuales, hablar de un “antes” del Big Bang no tiene sentido, pues se entiende que el tiempo comienza a existir como dimensión a partir de la singularidad del Big Bang. La causalidad se puede dar en una dimensión ausente de temporalidad sin que esto afecte su base lógica en lo más mínimo.
Pero considero que el autor falla y no tiene en cuenta la principal objeción que se le ha hecho a este argumento pro-divinidad, que es la recurrencia a la causalidad infinita; es decir, si bien podemos aceptar el hecho de que un dios creó el universo, esta respuesta es pésima pues hace surgir inmediatamente una dificultad aún mayor: ¿qué o quién creó a este dios capaz de crear un universo tan complejo? Esto hace necesaria la existencia de un creador de ese dios, que sea aún más complejo que el mismo dios que estamos admitiendo. Es decir, nos retrotraemos a una secuencia infinita de creadores. En mi opinión, esto no tiene sentido, y si nos decidimos por admitir que el dios creador tiene existencia eterna y es increado, con la misma autoridad podemos decir lo mismo de nuestro universo. La navaja de Occam es útil como guía (no es una ley) en estos casos, y considero que lo que corresponde es hacer la menor cantidad de presunciones posibles. Así, eliminamos la necesidad de un dios creador del universo, y con ello, una infinidad de dioses creadores hacia atrás. En resumen, si decimos que dios es la explicación última, bien podemos decir lo mismo de nuestro universo, y el recurrir a esta figura divina externa mueve la carga de la prueba a quienes proponen tal argumento. En cosmología, lamentablemente, sólo nos podemos basar en conjeturas. Pero si podemos explicar el universo como es con leyes físicas, no veo la necesidad de recurrir a un creador completamente injustificado, que sólo complica aún más la pregunta por el origen, y no resuelve nada.

 
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Google: ¿Hacia un nuevo monopolio?

Escrito por el 11 Dic, 2009 en GiroMagazine

(cc) Alain Bachellier

La frase que motiva las actividades en las oficinas del complejo Googleplex, en California, es “Don’t be evil”: No seas malo. En esta línea es que Google, el famoso buscador, ha avanzado en su estrategia de negocios, procurando siempre no parecerse a otras compañías del mercado tecnológico que, a su parecer, abusan de los usuarios. Han sido exitosos con este modelo, y se han ganado la confianza de una buena parte de los más fanáticos usuarios de Internet.

¿Cómo compatibilizar ese motto empresarial con los recientes anuncios de la empresa estadounidense? Por si vive en Marte y no se ha enterado, Google dio a conocer el lanzamiento de su futuro sistema operativo, Chrome OS, diseñado para ser especialmente rápido y práctico, y destinado a quienes usan su PC para tareas cotidianas; y ahora también quiere establecerse como operador en el tráfico de Internet, mediante Google Public DNS, que funciona como alternativa al servicio por defecto de cada ISP.

Ambos productos, que vienen a concretar los visionarios anhelos de sus fundadores, le darían al buscador una inusitada cantidad de información sobre sus usuarios, que va desde los documentos de oficina hasta los sitios visitados en momentos de ocio. Teniendo en cuenta que el 99% de los ingresos de esta empresa provienen de la publicidad (mediante AdSense y AdWords), se presenta un potencial conflicto de interés. Existe la posibilidad de crear un completo perfil de cada usuario, incluyendo ubicación geográfica, número de tarjeta de crédito, fotos personales, preferencias de mercado, correos electrónicos privados, etc. Para un gigante como esta empresa, no sería difícil llevarlo a cabo si tuvieran la voluntad.

¿Será capaz Google de manejarlo adecuadamente, siendo fiel a sus ideales? Hasta ahora, a pesar de la gigantesca cantidad de información que sus millones de usuarios les confían ciegamente, no han dado motivos para dudar de su Fair Play. De hecho, han transparentado bastante como se manejan estos datos, mediante iniciativas como Google Dashboard, que permite saber qué información poseen acerca de nosotros, y Google Update en código abierto, que nos da la posibilidad de saber cómo funciona este programa que se ejecuta silenciosamente en todos los computadores con software de la compañía.

Pero si sus recientes iniciativas llegan a ser masivamente exitosas, se presenta una tentación difícil de resistir. Microsoft, que en su momento fue la compañía favorita de los geeks, se vio enfrentada a un bullado caso judicial por monopolio y abuso de posición dominante. Esperemos que los chicos de Google hayan aprendido la lección y estén a la altura de las circunstancias.

Nota: Esta columna fue publicada originalmente en GiroMagazine.cl.

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¿Viva Chile? (I)

Escrito por el 14 Sep, 2009 en Opinión, TV

No, señor lector, a pesar de la fecha y el titular, esta humilde columna no se refiere a nuestras Fiestas Patrias ni nada por el estilo. Por medio de este pequeño espacio, me gustaría referirme y analizar brevemente ciertos artículos publicados en la página Viva-Chile.cl.

Desde finales del año 2008, he recibido con una frecuencia irregular, un informativo periódico de esta página, sin que yo lo haya solicitado de ninguna manera. Esta situación también ha afectado a una gran cantidad de compañeros míos de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Chile, así que podríamos decir que es una especie de “SPAM ideológico”. Ideológico, sí, pues lo que se esconde tras tan patriota título es la tribuna de ciertos personajes de la derecha católica ultraconservadora de nuestro país (quienes, sospecho, a la hora de elegir, preferirían al Estado del Vaticano antes que a Chile), incluyendo además, aportes de autores extranjeros que coinciden en cierta medida con su pensamiento. Durante un tiempo, me limitaba a leer sucintamente los artículos que llamaban mi atención, mas me limité a eso. Pero durante un tiempo a esta parte, me han dado ganas de escribir réplicas a sus escritos, ya que en aquel sitio no se permiten comentarios. Así que procederé a criticar dos artículos recientes: “El doctor House, un espíritu religioso en busca de la verdad” de Carlo Bellieni, y “Evolución y Creación” de Rafael Vicuña. En esta oportunidad, me referiré sólo al primero.

House M.D.

(cc) caricaturesbynelson

El doctor Bellieni escribe argumentando algo bastante curioso: el doctor House, personaje de la conocida serie de TV, a pesar de ser ateo, es, en el fondo, una persona de características religiosas. Este intento de reclutar a sus filas a personajes de ficción que aparentan no tener nada de religiosos, es similar a lo que han intentado hacer otros al llamar a “Gran Torino” “una película católica”, lo que tenía algo más de fundamento, pues al final de ese filme el protagonista da la impresión de reconciliarse con la iglesia católica, a pesar de su repulsión inicial. Al contrario del personaje de Clint Eastwood, Gregory House, ateo declarado, ha mostrado un rechazo constante a lo largo de la serie a todo lo religioso y supersticioso. Bellieni argumenta que a pesar de ello, es un hombre religioso pues “busca desesperadamente la verdad de los casos que afronta”, y que el sentido religioso es “la certeza de que existe la verdad en alguna parte y el deseo de encontrarla”.

En mi humilde opinión, creo que hay un intento desesperado por tratar de buscar algo donde no lo hay. El autor toma distintos ejemplos a lo largo de la serie que demuestran la irreligiosidad de House, que por algún extraño motivo, para él representan todo lo contrario; es incapaz de reconocer el sarcasmo del televisivo doctor y lo confunde con un verdadero afán teísta, y asimila sus ácidas críticas y burlas a sus ocasionales antagonistas religiosos con un desafío “que House les provoca [...] para ser vencido”, cuando es evidente que no es así. En algunos episodios que menciona, la actitud del sagaz detective médico ante la porfía de algunos pacientes creyentes, es explicarles racionalmente lo que ha ocurrido, y ante la insistencia de estos de buscar una intervención sobrenatural, nuestro protagonista se resigna ante tal testarudez, sin por ello mostrar inclinación alguna a caer en sus ilusiones (o más bien, delusiones).

Creo que es erróneo sustentar que lo religioso se define sólamente como “buscar la verdad”. El autor acierta cuando dice que la ciencia y la religión tienen precisamente esa característica común, pero el método que adoptan para buscar ese objetivo es radicalmente diferente. El camino científico es el que toma House: como buen médico, utiliza el método científico al enfrentar sus casos: analiza los síntomas, propone una hipótesis, experimenta, y dependiendo de los resultados, logra (o no) deducir una teoría respecto a la enfermedad que aqueja a sus bizarros pacientes. ¿Dónde está lo religioso en ese proceso? Pero si ampliamos la definición de religioso, como lo hace Bellieni, entonces claro, podemos encontrar religiosidad hasta en los científicos más ateos. Es clave entender lo opuesto de los métodos. En vez del método científico, las religiones basan su búsqueda del conocimiento en la verdad supuestamente revelada por las divinidades correspondientes, la especulación libre acerca de las características de sus etéreas e irreales creencias, el escudriño repetido de arcaicos textos, y en algunos casos, concluir aceptando las conclusiones a las que llegan las autoridades respectivas, con obediencia ciega. Las consecuencias de esto son profundas. Sin siquiera referirme al hecho de que las religiones muchas veces han reprimido el avance científico, es útil para entender este punto el preguntarse cómo alguna iglesia podría haber llegado a una conclusión frente a una interrogante, resuelta por la ciencia, que se oponga a sus preconcepciones inmutables (lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo). La iglesia católica, como ejemplo, ha terminado aceptando verdades científicas como la esfericidad de la Tierra, el heliocentrismo del Sistema Solar o la evolución (aunque

(cc) Nicolás Ipiña

(cc) Nicolás Ipiña

esta última no totalmente). En estos casos, siempre atrasada, recogiendo el incesante trabajo de los especialistas y resignándose a su inescapable realidad. Pero ante la comprobada efectividad de la “píldora del día después” como tratamiento anticonceptivo de emergencia sin provocar abortos, el magisterio se niega a aceptarlo, porfiadamente. ¿En quién debemos confiar más? ¿En un especialista que ha trabajado años sobre el tema, experimentando y poniendo a prueba sus teorías, desechando muchas y validando pocas, o a un hombre virgen que ha dedicado su vida a adorar a una divinidad celestial?

No es la religión la que nos revela las interrogantes de este mundo, sino la ordenada, paciente, y a veces lenta, pero siempre efectiva, metodología de la ciencia. Si House se fuera a la capilla del hospital a rezar, en vez de probar y probar hasta acertar, podríamos hablar de un hombre religioso. Pero lo que lleva a este famoso doctor a resolver sus casos, no es un afán propio de un creyente, sino la postura humilde de aceptar su ignorancia frente a la realidad misteriosa a la que se enfrenta, y en base a sus probados conocimientos (a los que se llegó mediante el mismo método) intentar resolver los diversos desafíos médicos que llegan a sus manos.

Paradójicamente, el Dr. Bellieni usa como subtítulo la frase “confundir lo bueno con lo religioso”, mientras cae precisamente en ese error. Ciertamente, hay una realidad por explorar: la tenemos frente a nuestros ojos. “¡Viva House! ¡Viva el espíritu inquisitivo!”, clamo junto al autor, pero en una forma radicalmente diferente: Viva la ciencia, que nos provee de un set de herramientas autocrítico y perfeccionista para llegar una mejor comprensión de la realidad, totalmente opuesto a la verdad revelada e inmutable de la religión.

Están, por supuesto, invitados a comentar. La próxima semana me referiré al artículo indicado, en lo relativo a la compatibilidad (o no) de la ciencia y la religión.

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