Escrito por
Hernán Manríquez el 9 Abr, 2009 en
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No, este post no es sobre los premios de MTV conocidos por la misma sigla. Es sobre el Villa Maria Academy, colegio femenino de elite ubicado en los límites del tradicional barrio El Golf, en Las Condes. Esta semana se supo que las religiosas de la orden “Immaculate Heart of Mery” (sic) se irán de Chile en los próximos años, debido a su avanzada edad y la completa falta de vocaciones: desde 1940, año en que llegaron a nuestro país, sólo tres ex-alumnas han seguido una vocación religiosa, y ninguna de ellas en esta congregación. Podría ahora derivar en las razones de aquel fenómeno generalizado de crisis vocacional en las religiones, pero trataré un tema que me es más cercano. ¿Por qué esta noticia es tan relevante? El Mercurio le ha dedicado unos cuantos artículos*, destacándolo en sus portadas, y La Tercera también ha querido cubrir la novedad. Pero insisto, ¿por qué? Si bien es una noticia de cierta (más bien poca) importancia, ¿merece ser destacada en rojo en portada (ver El Mercurio de 02.04.09)? La razón más obvia, y creo, la correcta, es que el VMA es un colegio de elite, y por ende, al parecer merece más atención de los medios que los demás establecimientos. No, dirán algunos, esto es relevante por el mentado tema de la falta de vocaciones. Bueno, les contaré entonces que yo estudié en el Instituto Presidente Errázuriz, ubicado literalmente al frente del Villa María (donde sufrimos la indiferencia absoluta por parte de sus blondas alumnas), y que este colegio también es dirigido por una congregación, la de los Hermanos del Sagrado Corazón de Jesús, con orígenes franco-canadienses. Los Hermanos también están en crisis vocacional: se tuvieron que retirar del tradicional Liceo Ruiz Tagle, y ahora, ante la renuncia del único Hermano joven, ven limitados su futuro a tres canosos señores que sobrepasan los 60 años y están prontos a retirarse. ¿Hay interés de la prensa en mi colegio de clase media? No, por razones evidentes. Pero es falso entonces cuando se afirma que este fenómeno no está ocurriendo en otros colegios, siendo que pasa cruzando la calle. Y se nos habla en reportajes melodramáticos de lo terrible de la partida de estas señoras (señoritas, más bien), se da cobertura a las campañas para que no se vayan, se cae en todo este juego mediático sin sentido. Si quieren que las monjas se queden, convénzanlas y dejen de hacer tanto show rosado. Y tampoco es para tanto tampoco, córtenla.
PS: Lean la opinión de Oscar Contardo, autor de Siútico, en elmostrador.cl, “¡Se van las sisters, gaiiaaa!”
*: Más que varios: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, más las cartas: once, doce, trece, catorce… No exagero cuando digo que la cobertura es demasiado amplia.
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Hernán Manríquez el 1 Dic, 2008 en
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Seguimos con el reciclaje descarado de posts. Esto fue publicado como post de prueba para un taller de blogs en mi Universidad, liderado por Sebastián Echeverría.
Entre Santiago y las mal llamadas “provincias” siempre ha habido un abismo de separación. No sólo por la distancia física, sino por las diferencias culturales presentes dentro de la nación chilena. En gran parte, se explica porque la vida capitalina es sustancialmente opuesta en todo sentido. Como comentábamos hoy en el Taller de “Bloggs”, no existe una identidad cultural santiaguina, a diferencia de, por ejemplo, Valdivia, donde el sólo hecho de la existencia desde tiempos inmemoriales de la rivalidad con Osorno da cuenta de un sentimiento de pertenencia al respectivo hometown. No conozco ningún valdiviano (para seguir con el ejemplo) que se sienta avergonzado de su ciudad. En cambio, en la Región Metropolitana, no es raro escuchar la referencia a Santiasco. ¿Por qué este rechazo intrínseco, o por lo menos, mayoritario? No voy a analizar las razones sociológicas, pero es evidente para cualquiera, que estando sentado a las orillas del Calle-Calle, Santiago NO EXISTE. Así, tal cual. Santiago es algo que se ve en las noticias en la noche, Santiago hacia donde emigran algunos, Santiago es la regionalización jamás concretada, Santiago es la burocracia, la rutina, el smog, la selva de cemento. “¿Y para nosotros qué?”. Para ustedes, recursos que sobran. Proyectos ilusorios en épocas electorales. Promesas infinitas. Y, ¡oh!, sorpresa, los diarios regionales, en su gran gran mayoría, son filiales de El Mercurio. Entonces Santiago se percibe como la ciudad-rey, que se impone (más bien trata) en todos los ámbitos. Es en ese contexto que nacen los diarios regionales independientes. Desde hace dos años, es una tendencia en alza. Con el nacimiento de El Morrocotudo de Arica, han ido surgiendo otras iniciativas locales. Debemos notar, eso sí, que es una iniciativa privada semi-planificada, lo que no quita mérito al origen netamente ciudadano. Están abiertos a la participación de cualquier habitante local, que se debe registrar como “corresponsal”, quienes de acuerdo al mérito de sus noticias son elegidos por el editor para “figurar” en la portada y las diferentes secciones. La idea es que no es necesario ser periodista para publicar (por más que se molesten los ya escasos-de-pega profesionales del rubro). Y es esto lo que da vida a la comunidad local online, y fomenta, aún más, el sentimiento de unidad y pertenencia.
Creo que es posible incluir esta tendencia dentro del macro-proceso de mayor participación social que se está dando en nuestro país, junto a la consolidación de la democracia que se expande a otros aspectos de la sociedad. ¿Es positivo? Sí, claro que es positivo. Me gusta un Chile que opine, que participe, que se exprese. Cabe notar que en estos medios cada persona firma con su nombre y foto, y se hace responsable del contenido que publica. Mejor aún. Además, existe la posibilidad de comentar las noticias, lo que potencia aún más el efecto, y motiva a los visitantes a involucrarse. Esto es algo que se echa de menos en las versiones online de los grandes medios de comunicación masiva, donde el mayor nivel de interactividad está presente sólo en el blog editorial de EMOL. La gente quiere comentar, reportear, informar e informarse, y por qué no, también hacerse un poquitín famosos. Y es que bueno, en el fondo, todos somos un poquito periodistas.
Etiquetas:centralismo, chile, diarios regionales, el mercurio, emol, periodismo, periodismo ciudadano, regionalismo, santiago, santiasco, Sebastián Echeverría, valdivia
Creo que los medios han sido un poco injustos en el tratamiento de las noticias relativas al paro de empleados públicos: se han enfocado mucho en los efectos negativos que este ha tenido en la población, lo que considero relevante, sí, pero no lo principal.
El paro tiene un motivo razonable. Se exige un reajuste de un 14,5%, que si bien puede parecer ambicioso, tiene su origen en el 9,9% acumulado de inflación en los últimos 12 meses, más un 0,9% proveniente de una estimación errada de la inflación, realizada en el último reajuste por parte de Andrés Velasco, Ministro de Hacienda, dando un total de 10,8%. Como decía Miguel Kast, con el cual comparto pocas cosas, al negociar siempre hay que pedir más de lo que uno espera obtener, para obtener aquello. En ese sentido, no es tan descabellado que pidan un 14,5%. Considerando la crisis, que en el futuro sin duda empeorará, no es exagerado aquel porcentaje para una negociación.
Lo que justifica el paro es, como se ha visto, la inflación. Esta reduce efectivamente el poder adquisitivo de quien recibe el sueldo, y la inexistencia por parte del empleador, en este caso el Estado, de un reajuste por lo menos anual, constituye por lo tanto una expropiación injusta. En la práctica, los empleados públicos reclaman porque se les ha reducido su sueldo y piden que se les respete lo acordado. Si bien nominalmente su sueldo es el mismo con relación al contrato que firmaron, en lo que se traduce este en la vida ha cambiado de manera importante.
Ahora, en lo personal creo que se está desperdiciando el poder de la movilización para cambios que no van al fondo del problema. Aquí la causa es la inflación, que es inherente al sistema económico. Por lo tanto, que cada año se den luchas por sólo mantener estable un sueldo sin que se ataque la razón real, es como que los bomberos reclamen por más agua para apagar un incendio y no por que se tomen medidas efectivas para apagarlo. No tiene mucho sentido.
Etiquetas:2008, Andrés Velasco, ANEF, chile, crisis, empleados públicos, Miguel Kast, paro, reajuste
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Hernán Manríquez el 20 Nov, 2008 en
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A falta de actualización, debido a mi descarada irresponsabilidad, les dejo un texto que escribí para un pasquín de mi facultad, y que no ha sido publicado; o sea, es inédito. Es cortito, porque me pedían 300 palabras, pero refleja brevemente mi opinión sobre la accountability* mínima que debe tener un sistema, sea estatal, sea universitario, que se precie de ser democrático. No sé si haya polémica, ya que es algo en lo que creo que todos deberíamos estar de acuerdo, pero en la práctica rara vez se da algo así, y no hay voluntad para hacerlo tampoco.
*: Accountability es una palabra en inglés que no tiene una traducción precisa en español. Significa algo parecido a la responsabilidad que se tiene, entendida específicamente como responder por actos realizados y no de forma ambigua, o a rendir cuentas alguien respecto a otra persona.
La democracia y el poder
Tan asumido está en nuestra vida el concepto de democracia, que es raro escuchar un disidente a este principio como base de cualquier organización. Desde las decisiones que toma el directorio de una sociedad anónima hasta la elección de un líder sindical, es la elección popular la forma en la que todos concuerdan. Es esta la primera y principal forma de expresión que viene a la mente del ciudadano común cuando hablamos de tan importante concepto. Pero, ¿es la democracia sólo eso?
Primero debemos entender que la democracia no es sólo uno de los varios sistemas de gobierno. La democracia se puede considerar como un principio básico de organización humana, que teniendo como base la igualdad de sus miembros, considera que el poder lo poseen todos, y que son ellos los que lo deben delegar, si es necesario. De esta concepción surge la noción de “contrato social”, propuesta por Rosseau. Ahora, debemos notar que, en el sistema político que nos rige a los chilenos, y en la mayoría de las organizaciones, incluyéndonos a los alumnos de esta facultad, una vez delegado el poder, el que lo recibe no tiene obligación de responder a sus representados durante el ejercicio de su cargo. El castigo que eventualmente puede recibir es no ser electo nuevamente. Una total o notoria irresponsabilidad se da rara vez. Lo que sí se puede observar es que los representantes toman decisiones por sí mismos, sin consultar a nadie, aunque hay una percepción general de que velan por los intereses de quienes los eligieron. Entonces, ¿es que acaso cuando son elegidos se les entrega una especie de mandato ilimitado, por el cual no tienen que rendir cuentas a nadie? ¿Deben limitarse exclusivamente a representar lo que el electorado desee? ¿O es factible una mezcla saludable entre la representación y la autonomía? Si a los representados no les gusta una decisión del representante, es complejo llegar a un acuerdo sobre cuál debe ser la fuente del poder a respetar: la elección que otorga el poder, o la opinión mayoritaria en ese momento. Volviendo a nuestras premisas iniciales, es evidente que un cargo elegido democráticamente nunca va a dejar de ser representativo, aunque goce de cierta autonomía para actuar de forma eficiente. Pero ante temas importantes, el tratamiento que se les dé y los efectos que esto tenga, es mínimo exigir, para mantener una necesaria y sana legitimidad, una consulta a los representados. Es un desafío relevante el poder plantearnos esto y ponerlo en práctica en el día a día de nuestra vida universitaria.
Opiniones, please.
Kazán
Etiquetas:accountability, contrato social, democracia, poder, política, responsabilidad