¿Viva Chile? (I)

Escrito por el 14 Septiembre 2009 en Opinión, TV |

No, señor lector, a pesar de la fecha y el titular, esta humilde columna no se refiere a nuestras Fiestas Patrias ni nada por el estilo. Por medio de este pequeño espacio, me gustaría referirme y analizar brevemente ciertos artículos publicados en la página Viva-Chile.cl.

Desde finales del año 2008, he recibido con una frecuencia irregular, un informativo periódico de esta página, sin que yo lo haya solicitado de ninguna manera. Esta situación también ha afectado a una gran cantidad de compañeros míos de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Chile, así que podríamos decir que es una especie de “SPAM ideológico”. Ideológico, sí, pues lo que se esconde tras tan patriota título es la tribuna de ciertos personajes de la derecha católica ultraconservadora de nuestro país (quienes, sospecho, a la hora de elegir, preferirían al Estado del Vaticano antes que a Chile), incluyendo además, aportes de autores extranjeros que coinciden en cierta medida con su pensamiento. Durante un tiempo, me limitaba a leer sucintamente los artículos que llamaban mi atención, mas me limité a eso. Pero durante un tiempo a esta parte, me han dado ganas de escribir réplicas a sus escritos, ya que en aquel sitio no se permiten comentarios. Así que procederé a criticar dos artículos recientes: “El doctor House, un espíritu religioso en busca de la verdad” de Carlo Bellieni, y “Evolución y Creación” de Rafael Vicuña. En esta oportunidad, me referiré sólo al primero.

House M.D.

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El doctor Bellieni escribe argumentando algo bastante curioso: el doctor House, personaje de la conocida serie de TV, a pesar de ser ateo, es, en el fondo, una persona de características religiosas. Este intento de reclutar a sus filas a personajes de ficción que aparentan no tener nada de religiosos, es similar a lo que han intentado hacer otros al llamar a “Gran Torino” “una película católica”, lo que tenía algo más de fundamento, pues al final de ese filme el protagonista da la impresión de reconciliarse con la iglesia católica, a pesar de su repulsión inicial. Al contrario del personaje de Clint Eastwood, Gregory House, ateo declarado, ha mostrado un rechazo constante a lo largo de la serie a todo lo religioso y supersticioso. Bellieni argumenta que a pesar de ello, es un hombre religioso pues “busca desesperadamente la verdad de los casos que afronta”, y que el sentido religioso es “la certeza de que existe la verdad en alguna parte y el deseo de encontrarla”.

En mi humilde opinión, creo que hay un intento desesperado por tratar de buscar algo donde no lo hay. El autor toma distintos ejemplos a lo largo de la serie que demuestran la irreligiosidad de House, que por algún extraño motivo, para él representan todo lo contrario; es incapaz de reconocer el sarcasmo del televisivo doctor y lo confunde con un verdadero afán teísta, y asimila sus ácidas críticas y burlas a sus ocasionales antagonistas religiosos con un desafío “que House les provoca [...] para ser vencido”, cuando es evidente que no es así. En algunos episodios que menciona, la actitud del sagaz detective médico ante la porfía de algunos pacientes creyentes, es explicarles racionalmente lo que ha ocurrido, y ante la insistencia de estos de buscar una intervención sobrenatural, nuestro protagonista se resigna ante tal testarudez, sin por ello mostrar inclinación alguna a caer en sus ilusiones (o más bien, delusiones).

Creo que es erróneo sustentar que lo religioso se define sólamente como “buscar la verdad”. El autor acierta cuando dice que la ciencia y la religión tienen precisamente esa característica común, pero el método que adoptan para buscar ese objetivo es radicalmente diferente. El camino científico es el que toma House: como buen médico, utiliza el método científico al enfrentar sus casos: analiza los síntomas, propone una hipótesis, experimenta, y dependiendo de los resultados, logra (o no) deducir una teoría respecto a la enfermedad que aqueja a sus bizarros pacientes. ¿Dónde está lo religioso en ese proceso? Pero si ampliamos la definición de religioso, como lo hace Bellieni, entonces claro, podemos encontrar religiosidad hasta en los científicos más ateos. Es clave entender lo opuesto de los métodos. En vez del método científico, las religiones basan su búsqueda del conocimiento en la verdad supuestamente revelada por las divinidades correspondientes, la especulación libre acerca de las características de sus etéreas e irreales creencias, el escudriño repetido de arcaicos textos, y en algunos casos, concluir aceptando las conclusiones a las que llegan las autoridades respectivas, con obediencia ciega. Las consecuencias de esto son profundas. Sin siquiera referirme al hecho de que las religiones muchas veces han reprimido el avance científico, es útil para entender este punto el preguntarse cómo alguna iglesia podría haber llegado a una conclusión frente a una interrogante, resuelta por la ciencia, que se oponga a sus preconcepciones inmutables (lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo). La iglesia católica, como ejemplo, ha terminado aceptando verdades científicas como la esfericidad de la Tierra, el heliocentrismo del Sistema Solar o la evolución (aunque

(cc) Nicolás Ipiña

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esta última no totalmente). En estos casos, siempre atrasada, recogiendo el incesante trabajo de los especialistas y resignándose a su inescapable realidad. Pero ante la comprobada efectividad de la “píldora del día después” como tratamiento anticonceptivo de emergencia sin provocar abortos, el magisterio se niega a aceptarlo, porfiadamente. ¿En quién debemos confiar más? ¿En un especialista que ha trabajado años sobre el tema, experimentando y poniendo a prueba sus teorías, desechando muchas y validando pocas, o a un hombre virgen que ha dedicado su vida a adorar a una divinidad celestial?

No es la religión la que nos revela las interrogantes de este mundo, sino la ordenada, paciente, y a veces lenta, pero siempre efectiva, metodología de la ciencia. Si House se fuera a la capilla del hospital a rezar, en vez de probar y probar hasta acertar, podríamos hablar de un hombre religioso. Pero lo que lleva a este famoso doctor a resolver sus casos, no es un afán propio de un creyente, sino la postura humilde de aceptar su ignorancia frente a la realidad misteriosa a la que se enfrenta, y en base a sus probados conocimientos (a los que se llegó mediante el mismo método) intentar resolver los diversos desafíos médicos que llegan a sus manos.

Paradójicamente, el Dr. Bellieni usa como subtítulo la frase “confundir lo bueno con lo religioso”, mientras cae precisamente en ese error. Ciertamente, hay una realidad por explorar: la tenemos frente a nuestros ojos. “¡Viva House! ¡Viva el espíritu inquisitivo!”, clamo junto al autor, pero en una forma radicalmente diferente: Viva la ciencia, que nos provee de un set de herramientas autocrítico y perfeccionista para llegar una mejor comprensión de la realidad, totalmente opuesto a la verdad revelada e inmutable de la religión.

Están, por supuesto, invitados a comentar. La próxima semana me referiré al artículo indicado, en lo relativo a la compatibilidad (o no) de la ciencia y la religión.

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